Cuando iba camino a mi casa, mi dulce hogar, sin querer hacerlo miro el cielo. Ahí estaba. Intácta y brillante, como si nada. Cómplice de todo, recordándome aquello que quería. Miro la hora y son las 20 con 40, llegué tarde otra vez.
A nadie le gusta llegar a su ''dulce hogar'' escuchando gritos y castigos de la nada, arruinan todos los momentos gratos del día. A veces me gustaría quedarme ahí afuera, acariciando el aire.[preferiría estar en otra parte, pero no negaré que me gusta romper las reglas. Lo merezco.] Saco el teléfono y me pongo a escribir un mensaje, luego el destinatario, pero para qué? mejor no interrumpir. Lo mantengo en la mano, mirándolo como si se fuera a mandar solo, entonces nada. Cada vez más frío, entré a mi cada. Nada más por hoy.
[ y no era la luna. ]
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