sábado, 7 de abril de 2012

La imaginación.

Érase una vez un ciempiés que bailaba estupendamente con sus cien pies. Cuando bailaba, todos los animales del bosque se reunían para verlo. Y todos quedaban muy impresionados con el exquisito baile, pero había un animal al que no le gustaba ver bailar al ciempiés. Era un sapo.. -¿Qué puedo hacer para que el ciempiés deje de bailar?, pensó el sapo. No podía decir simplemente que no le gustaba el baile. Tampoco podía decir que él mismo bailaba mejor; decir algo así no tendría ni pies ni cabeza. Entonces concibió un plan diabólico.
Se sentó a escribir una carta al ciempiés. ''Ah, inigualable ciempiés'', escribió. ''Soy un devoto admirador de tu maravillosa forma de bailar. Me encantaría aprender tu método. ¿Levantas primero tu pie izquierdo en 78° y luego el pie derecho en 47°?, ¿O empiezas el baile levantando el pie izquierdo en 23° antes de levantar el pie derecho en 18°? Espero tu respuesta con mucha ilusión. Atentamente, el sapo.
Cuando el ciempiés recibió la carta se puso de inmediato en qué era lo que realmente hacía cuando bailaba. ¿Cuál era el primer pie que movía? y.. ¿Cuál era el siguiente? Finalmente, el ciempiés no volvió a bailar nunca más. Eso pasa cuando la imaginación es ahogada por la reflexión de la razón. 

Adiós :)

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