viernes, 21 de junio de 2013

El miedo, el peligro y cualquier situación que nos produzca una aceleración en la frecuencia cardíaca nos conduce a actuar con adrenalina, generalmente no pensamos dos veces las cosas y sólo actuamos porque es nuestra vida la que está en juego. A veces, el dolor también puede ser una causa de esta adrenalina y eso mismo es lo que me pasó ayer. No lo pensé dos veces, antes de seguir ahí —destruyéndome el corazón— es mejor huir. Tan lejos (quizás sólo en mi mente) que ya nadie, menos tú, podría alcanzarme.
Me hundí dentro de mí, al menos así no me entero de lo que no me interesa y lo que no quiero saber, esa es la verdad; no quiero. Ahora, después de ayer, me siento mejor. 
 
Fin de pista.

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