viernes, 11 de julio de 2014

Cerraste con modorra los ojos un segundo y seguiste así, abismado en un paralelismo absoluto; quizás recordando alguna situación, dando rienda suelta a tus sentimientos e ideas o –como yo quisiera– pensando un poco en mí. Aún recuerdo, yo te contemplaba, y aún lo hago. En silencio. Ya lejos. 
Me gusta sentir tu más pura esencia cerca mío, poder captar el más mínimo detalle de tu expresión, adentrarme en esas pupilas cristalinas que miran hacia adentro. Acariciar la suavidad de tu piel entibiada, sin suscitar ninguna percepción de mí en ti o tal vez besarte los labios, sin que despiertes de aquel estadio reflexivo e impasible gesto estático que reverbera tu rostro.
No sabría decir qué es lo que más anhelo, en estos minutos tan largos donde todo en nosotros está congelado. Quizás abrazarte con fuerza casi violenta, y a la mierda esta fría contemplación.

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