viernes, 25 de enero de 2013

Historia corta de una pasajera.

Sentada en el metro mirando sus ojos azules envolventes. Así estaba. Eternamente perdida en el mar, parecía estar postrada contemplando de frente al sol blanco de enero que juguetón se bañaba desnudo. Tantas vueltas marean, tanto calor sofoca, las olas te toman de sorpresa y te hacen caer por debajo de ellas, y te acarician y quizás en su amor mueres. Todo era así, un tibio relajo mental de al menos 5 minutos. Yo no sé por qué te miré tanto ni tampoco por qué me mirabas igual que yo, quizás mis ojos café te perdían en algún bosque otoñal. Hasta que parpadeé confusa

                                                 -más bien alunada- 

y me di cuenta que me bajaba en U. Católica, me levanté, ni siquiera volteé para despedir


la última mirada, el fin del viaje.

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